El trabajo invisible

Cuando decides declarar tu predio como una reserva natural, y comenzar procesos de restauración, el imaginario natural e inmediato es sembrar especies nativas, rehabilitar el suelo, y mejorar las condiciones del ecosistema en términos de sus funciones y su estructura. Pero detrás de esa postal hay una realidad cotidiana de la que se habla poco: las tareas invisibles que apoyan de forma indirecta las actividades propias de la restauración y que habilitan las condiciones para que nosotros —las personas que estamos haciendo la restauración— podamos vivir y trabajar en la reserva. En Yátaro, a estas tareas las llamamos “trabajo invisible”.

El mantenimiento de la casa: Cuando llegamos a Yátaro, tomamos la decisión de construir nuestra cabaña de madera sin intervenir el terreno quebrado. No metimos retroexcavadora, no aplanamos la montaña y no hicimos cimientos en cemento. Por esa razón, debemos hacer mantenimiento periódico a las paredes, a los pisos y a los pilotes sobre los cuales se sostiene nuestra casa. Lo que no se ve es el trabajo constante tanto nuestro como de personas que nos ayudan en la reserva para evitar que el paso del tiempo y los elementos deterioren la infraestructura.

Limpieza de paneles solares: La reserva está en un lugar retirado sin acceso a la red eléctrica por lo que debimos instalar un sistema de energía solar. Con las condiciones de humedad y vegetación que nos rodean debemos hacer limpiezas regulares a los paneles para que el sistema aproveche hasta el último fotón, especialmente en invierno. Sin esta energía no podríamos estar por periodos prolongados en la reserva ni hacer monitoreo con la estación climática (conectada a internet), en tiempo real.

Los linderos, las cercas (y las vacas):Asegurar un buen cerramiento del predio es vital. No hay nada más desolador que ver cómo las vacas de las fincas vecinas se entran y destrozan, en un solo día, el trabajo de restauración de cinco años.

La batalla contra el kikuyo en los caminos: La naturaleza recupera su espacio rápidamente. Por eso, recurrentemente debemos limpiar las vías de acceso para que el pasto no se las “coma”. También nos toca arreglar a mano el sendero que va hacia la parte alta del predio, justo por donde hemos ido sembrando algunas de nuestras especies emblemáticas. Sin los senderos, sería difícil monitorear y cuidar las palma de cera, sietecueros, robles, cedros, etc.

Control de especies de crecimiento rápido: Para evitar que se ‘ahoguen’ las plantitas que están creciendo naturalmente y las especies de interés que sembramos debemos tener a raya algunas especies de crecimiento muy agresivo como el chusque, el helecho marranero y por supuesto el pasto. *Este último está más relacionado con la restauración activa.

Todas estas actividades implican un gran esfuerzo físico, requieren planeación y, sobre todo, una constante inversión de energía y dinero.

El Plan de Manejo

A pesar que estas tareas (y muchas otras) son muy importantes, pocas veces se visibilizan o se costean a menos que uno haga un plan de manejo juicioso.

En nuestro caso, si bien aún no hemos formalizado un plan de manejo para Yátaro, estas actividades se han vuelto nuestra rutina. La gran mayoría las hacemos nosotros mismos a pulso, con todas las limitaciones humanas y de tiempo que esto implica.

Por supuesto, reconocemos que estamos en mora de sentarnos a diseñar ese plan. Este año nos vamos a poner en la tarea de hacer una primera versión que incluya un cronograma con acciones, metas y presupuesto realistas, partiendo de la zonificación que propusimos inicialmente —cuando hicimos el proceso para la declaratoria como RNSC. Además este ejercicio va a ser la excusa perfecta para integrar esa línea base y el monitoreo de la biodiversidad que hemos venido haciendo los últimos 3 años.

Aunque éramos conscientes de la importancia de tener un plan de manejo, es en este punto que hacemos consciencia de que es mucho más que un simple requisito burocrático para las áreas privadas registradas en el RUNAP. El plan de manejo es una carta de navegación para los reservistas que nos permite asegurar que estamos construyendo un proyecto sostenible en el tiempo.

Seguimos aprendiendo, trabajando y apostándole a este proceso.